domingo, 31 de mayo de 2015

Érase una vez... Crystal Fighters

«¡Hola, me llamo Mimi!».

Llega el verano. Llegan las mañanas en la playa. El sol de la tarde luce estupendo. Y las terrazas son una maravilla. Cualquier trapo nos sirve para arreglarnos. Las chicas, en cambio, comienzan a ponerse coquetas. Todo sigue igual, pero con más color. Hasta la cerveza te sabe mejor. Sigues escuchando música, claro. Y ahí, si conjugas el qué, el cuándo y el dónde... no tienen rival: ellos son Crystal Fighters. Parece que acaban de salir de los bosques. En realidad, vienen de Londres. Pero qué bien se venden. Se dejan el pelo crecer, no le tienen mucho apego a las cuchillas de afeitar, visten estrafalarios a más no poder y dibujan corazones con sus manos.

Su primer disco, Star of Love (2010), está inspirado en la cultura tradicional vasca. Bien por sus curiosidades antropológicas, pero (por si acaso todavía no te has enterado) no, no son vascos. Elaboran, eso sí, una especie de mestizaje electrónico en el que igual suena la txalaparta (van a crear tendencia con ella) que arrean con los sintetizadores. Estos últimos se notan en Xtatic Truth. Tanto como en otro de sus himnos, I Love London. A muchos les gusta. Nosotros preferimos la versión menos ruidosa de ellos. Igual más pop, o más folk. O como la quieras llamar. Así, Champion Sound suena mejor y su mensaje llega más tranquilo... «I wanna find my girl, love will be amazing». Comienza -marca de la casa- el recital hippie de paz y amor. Tienen armonía para dar y vender. Lo demuestran también con Plage: «come over here with your heart and I will love your heart with mine». Suenan alegres, felices y libres. Qué más quieres. Es uno de los mejores temas, casi al mismo nivel que el hit por excelencia del disco, At Home. Te atrapa la voz de ella. Suena con un punto electrónico que incluso gusta. Los coros, bien con voces masculinas bien con voces femeninas, te hipnotizan. Y el punto folk no chirría. Es la canción que mejor resume lo que ellos son, letra incluida: «Lift me off the ground and take me to the garden of paradise».

Alguien les dijo que la cosa iba bien, pero que si no abusaban de la electrónica... mejor que mejor. Y en su segundo (y perfecto) trabajo, Cave Rave (2013), hicieron caso. La batería de cañonazos, en consecuencia, habla por sí sola. En Wave ya nos advierten: volvemos a la playa, al mar y a las olas. Qué bien se está. Igual que en L.A. Calling, donde nos dejan claro que siguen igual de románticos y cariñosos. Pero todavía falta el remate. Sí, otra vez, paz y amor: «Everyone / Anyone who want to hear / Move in a little closer / Let me tell you about a love natural / Oh that love actual». Es una explosión de colores. Estos chicos no se enfadan nunca. La gente baila feliz. Es el mundo que dibujan en sus canciones: la sosegada No Man, el canto hippie de Love Natural o la pegadiza You & I. También transmiten esperanza con Bridge of Bones mientras se despiden con tres canciones (Are We One, These Nights, Everywhere) en las que le cantan al cielo, a los árboles, al océano azul, al amanecer...

Igual les pierde el eclecticismo. Igual su mensaje está ya trillado. Igual pecan de empalagosos. Tanto nos da. Es el grupo al que llamaríamos si tuviéramos que organizar una buena fiesta. Es el grupo que nos gusta ver en los carteles de un festival. Y es el grupo que, a mitad mañana, escuchamos para recargar las pilas. Eso es Crystal Fighters. Lo que hacen, lo hacen muy bien.



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