martes, 19 de mayo de 2015

Hinds: castigadas en el granero


Comenzaron siendo dos, Carlotta Cosials y Ana Perrotte. Desenfadadas y alegres. Pura electricidad. Ahora ya son cuatro: bajo y batería le dan otro aire al grupo. Ilustran sus canciones con la misma naturalidad, pero han ganado en consistencia con Ade Martín y Amber Grimbergen. Mantienen el tono informal, aunque con más presencia. Es decir, en lugar de estar saltando entre el público, les toca subirse a un escenario. Un toque de gamberra seriedad para conquistar la carretera. Salen de Madrid como Deers. Escapan de las payasadas legales rebautizándose. Ahora recorren la geografía de medio mundo como Hinds. Tranquilos los más despistados, pues con un nombre u otro, en el fondo, estas chicas mantienen sus señas de origen: ciervas con ganas de pasárselo bien.

Si en 2014 aparecieron como un relámpago, el 2015 se presenta como el año de la confirmación definitiva. Cada vez más, su nombre suena menos extraño. No parece que vayan a ser una moda pasajera. Es más, tienen ganas de batalla y, advertimos desde ya, saben defenderse. Nos dicen "hola" con Warning with the curling. Unos minutos de estridente introversión con los que suelen abrir sus directos. Antes, en Demo, su primer single, habían destapado sus cartas. Pop melódico escondido entre el desaliñado garage. Combina bien la mezcla. En Bamboo demuestran que las voces de Carlotta y Ana congenian a la perfección. La contagiosa letra hace el resto: «And why (oh why?) you are on my mind». Escápate de eso si puedes. Lucen sencillas, simpáticas... y descaradas. Les basta con eso. En Trippy gum nos lo dejan claro.

No han inventado la música. Pero y qué. Nada puede decirse en contra de su mejor tema hasta el momento: Castigadas en el granero. Una vez escuchada, la canción te persigue durante un buen rato. La publican, junto con Between cans, en su segundo single, Barn. Asoman más temas en sus conciertos. Suenan dulces y sucias a la vez. Garden, quizás, lo resuma todo. Hablan de sus cosas (borracheras, chicos y, básicamente, despreocupación) mientras se agarran a la efusividad guitarrera, al magnetismo de sus voces, al gancho que exhibe la bajista y, sobre todo, a la irreverencia que siempre les acompaña. Sus canciones aseguran desenfado y diversión: ¿qué tal escuchar Fat calmed kiddos en vivo?

Pues eso, que despiertan como el café de la mañana. Y sorprenden como esas monedas perdidas en el bolsillo de tu vaquero que sirven para hacerte el penúltimo chupito de la noche. Son Hinds regalando entusiasmo y sonriendo animadas. Su repertorio nos sabe a poco. Eso significa que queremos más. Buena señal para ellas. Y también para nosotros... su disco está a la vuelta de la esquina.

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