sábado, 23 de mayo de 2015

Los Punsetes: «LPIV»


Que el 95 % del indie pop hable sobre relaciones personales y amor lo tenemos más que asumido. Que más de la mitad de los grupos -en un alarde de personalidad- lo hagan en inglés, pues también: asumido. Que no haya ni un músico de carrera es algo que parece hasta normal. Que entre unos y otros solo cambien cuatro palabras en los textos de sus canciones, peccata minuta. Y que, de repente, aparezca esta gente con un Me gusta que me pegues como bandera musical, pues mira, al menos, refresca los oídos. Viven en otro mundo. O igual no. Igual cuentan lo mismo de siempre. Pero lo hacen más ácido, más desagradable. Es el particular estilo que acompaña a Los Punsetes

En cualquier caso, no son tan genuinos como se creen. Hay bastante ruido de guitarras impregnado a lo largo del disco. Estorba un poco. Los arreglos, en general, tampoco son un derroche de virtuosismo. Imitan a Florent de Los Planetas sin llegarle a la suela de los zapatos. Se lo perdonamos. Al final, la gracia de este grupo son las letras. Cuidado también, no es que vayan de Bob Dylan ni mucho menos. Simplemente inyectan humor negro -muy negro- a cada una de sus canciones. A nosotros nos parecen unos letristas estupendos. Escapan de todos los tópicos. Van de frente. Transgreden con unas rimas atrevidas. Cínicos siempre, nunca empalagosos. Escucharlos es un ejercicio de higiene (o de intoxicación, depende como se mire) mental. Pero el caso, y no es poco, es que no dejan indiferente a nadie.

Una ruptura puede contarse de muchas maneras, pero no de forma más cruda que en la pegadiza Arsenal de excusas. Definen su estilo: sarcásticos estribillos entre sonidos chirriantes. Tienes, de pronto, un «que no pase un día sin que des tu opinión de mierda (...) España necesita conocer tu opinión de mierda (...) La gente esta buscando en internet tu opinión de mierda». El título de la canción, como es natural, es Opinión de mierda. En un país lleno de sabelotodos, Los Punsetes tiran con dardo envenenado. Historia aparte es la quinta pista de LPIV (2014). Quien no se haya aburrido en un museo de historia natural... que levante la mano. De ahí a que escribas una canción sobre el asunto hay un paso. Y estos chicos lo han dado. Es lo que tiene abusar de la ironía. De hecho, abunda en Los últimos días de SodomaFalso documental y Vaya suerte que tengo

Diversión, mucha diversión. Tanto nos da que Ariadna, la cantante, desafine como la que más. No ha ido a una clase de canto en su vida. Pero nos gusta. Ahí está, plantada imperturbable encima del escenario con los brazos bien pegados a la cintura. No se mueve ni un centímetro. La pose, por lo visto, despierta pasiones. A los barbudos más modernos les encanta. A nosotros no es que nos vuelvan locos, aunque sí les reconocemos su mérito principal: han convertido la derrota en algo gracioso. Y montan un buen espectáculo con ello.  


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