viernes, 8 de mayo de 2015

«Super 8» (1994)

En pleno apogeo indie, cuando das una patada a una piedra y te salen siete millones de modernos, todavía hay un grupo que define -si es que acaso existe- la esencia de lo alternativo. Se dejan ver muy de vez en cuando. Huyen de la primera plana y de la publicidad. Probablemente, hoy ya, sean unos dinosaurios. Pero qué más da. Recuerdan a los noventa, que para algo fue su mejor época. Ahí comenzó su revolución, su gusto por hacer "otra" música. Sin ellos, el indie patrio no sería lo mismo. Hoy siguen vivos y coleando, pero no como en 1994, fecha en la que se publica Super 8. ¿Su mejor álbum? Quizás sí, con permiso de la semana y el autobús. Estaban en plena forma. Les bastan diez canciones para atraparnos en ese universo pop de ruido, introversión y sentimiento.

Abren con De viaje, un clásico. Suenan potentes. La voz de Jota se escucha de fondo mientras las guitarras ganan protagonismo. Aparecen las primeras distorsiones. Se han puesto románticos y nos dan una pista: las relaciones personales son una de sus manías favoritas. Es un tema cumbre. Si la canción en la que «Mendieta marca un gol realmente increíble» es un himno, vale la pena decir que esta tiene un referente en Qué puedo hacer. Comienza otra manía: el retrato de lo cotidiano. Escrita en primera persona («y si después de todo el tiempo que ha pasado, si nos vemos no sé lo que hacer»), los días van pasando, con sus rutinas y, también, con su punto de melancolía. Otro tema cumbre. La timidez se mezcla con la tristeza en Si está bien. El mal de amores se expresa, una vez más, distorsionado por la guitarra de Florent y escondido en la marchita voz de J. Más ruido, más experimentación... llega 10.000 y con ella la historia de una noche llena de turbiedad: «vamos a hacerlo con mi amiga, tiene 15 años ya».

Tu oído termina por acostumbrarse a todo esto. Faltan las drogas de Rey Sombra, las riñas de novios en Estos últimos días (otro clásico) o la vena derrotista de Jesús. La parte instrumental se mezcla de forma extraña con la voz. Improvisan, a ratos se vuelven oníricos. Buscan la estridencia, hacerse notar. Y, lejos de todo esto, llega Brigitte. Emblema del pop melódico, pegadizo y nostálgico. Tienen buenas letras. Lo demuestran con la canción tapada del disco: Desorden... «toda la tarde viendo películas. Hoy es 18, ella se ha ido». Un grito lleno de arrepentimiento, frustración y rabia. Cierran con una payasada pretenciosa, La caja del diablo. Igualmente, acaban de hacer historia.

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