sábado, 13 de junio de 2015

Balthrop, Alabama: «Your Big Plans & Our Little Town»


Coges tu mochila y sales a patear las calles. Chaval, hoy vas a comerte el mundo. El mundo, por supuesto, hay que comérselo con clase. Vendes, lo primero, formalidad. Después ya, tira de manual: pedantería, ambición y todas esas cosas que tanto les gusta escuchar a los directores de recursos humanos. Buscas un "buen" trabajo. Te acompañan tu licenciatura, tu máster y tu colección de idiomas. Confías en tus posibilidades. Lo tienes hecho. Planeas entrar en una multinacional de esas chulas. O donde sea, pero que suene guay cuando lo pronuncies. Las chicas se te van a rifar. Tu ego se va a disparar... en el mejor de los casos. En el peor, para qué engañarnos, freirás patatas donde tú ya sabes... que, visto así, también es una multinacional. Estás en la gran ciudad.

Y quieres salir de ahí como sea. Si puedes coger un avión sin mirar atrás, estupendo. Si no te queda otro remedio que aguantar... pues oye, igual la cosa se puede hacer más amena montando tu propia ciudad, ¿no te parece? Eso, en esencia, es lo que hicieron los chicos de Balthrop, Alabama. Los hermanos Lauren y Pascal cogieron su apellido, Balthrop, para convertirlo en un ficticio pueblo de Alabama. Así que podría decirse que han fundado su propia (pequeña) gran ciudad. Viven unas 12 personas en ella. La plaza central está en Nueva York, pero para callejear por ella tienes que ir de circo. Sus calles están allí donde ellos tocan. Y no se nota el humo de los coches, el metro no está siempre hasta arriba y el capullo de tu jefe no es tan capullo. Es como volver al pueblo, pero en la ciudad. Así que estás tranquilo otra vez. Desayunas café mientras caminas descalzo por el jardín. El sol te golpea en la cara. La gente no anda con prisa por las aceras. Y mira, puedes hasta... ¡coger la fruta del árbol!

Es lo que nos dice, entre otras cosas, el variado catálogo de canciones de Your Big Plans & Our Little Town (2007). Dieciséis temas, pues, en los que suena el banjo, la guitarra, el saxo... y hasta el acordeón. Variedad instrumental. Temática, a su vez, variada. Así, cantan canciones felices sobre el amor, canciones felices (choca un poco) sobre personas muertas, canciones felices sobre lo fea que es Taipei, canciones felices (aún choca más) sobre personas muertas por amor y canciones felices sobre... tantas cosas... desde la chica que busca olvidar a su chico en Down on us («so let the rain come down on us, nothing wrong with getting wet») hasta el sinvergüenza que se queda abobado viendo cómo se bañan las chiquillas en la playera Song For A Little Girl That I Saw At The Beach. También le sonríen a la melancolía en Satellite y le gritan, más contentos que nadie, a la soledad con Tell The Stars: «now I'm riding home alone on the train to Carroll Street looking for another pair of eyes to meet».

¿Moraleja? Busca el despropósito que quieras. Aprovecha porque te lo van a transformar en la mejor efusividad que te van a conceder jamás. Escucha Another Hell To Live y lo verás. Hacen, entonces, un pop muy relajado. Simplemente se dedican a mirar por las ventanas. Se asoman al balcón. También llaman a tu puerta. Quieren saber qué le sucede a la gente de su pueblo (que son ellos mismos, claro). Y cuentan sus historias. Se ríen de todo mientras respiran alegres. Viven en Balthrop, Alabama, donde la gente le canta al karma de la tranquilidad.


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