martes, 23 de junio de 2015

El «Konk» de The Kooks


Esta banda de Brighton sorprendía en 2006, a la par que Artic Monkeys, con su trabajo Inside In/Inside Out. Eran las nuevas caras del pop británico. Dos años después, sin embargo, recibían una lluvia de malas críticas con su segundo trabajo, Konk (2008). Este cargaba con la responsabilidad de, como mínimo, igualar el nivel de su antecesor. Se refugiaron para ello en Londres, fuente inagotable de creatividad musical. El disco se grabó en los Konk Studios, propiedad de uno de los mitos de la escena británica: Ray Davies. Y sí, en esa línea se mueven The Kooks. Hasta el título evoca a la genial banda londinense: Konk… y Kinks. Son los aventajados discípulos (a años luz de distancia, eso sí) de estos últimos.

El disco abre con See The Sun, una dulzona melodía bañada en la melancolía («and now she is there on someone else’s arms») que puede llegar a confundir. Presenta a sus compañeras de viaje, pero no descorre la cortina. El agitado pop nos golpea de pronto: Always Where I Need to Be. Suena con un toque salvaje. Es la antesala de la estupenda Mr. Maker, donde una mordaz letra se enreda entre la efusividad rítmica y la atrayente voz de Luke Pritchard. No es un mal comienzo. Enseguida llega la agresiva potencia de Do You Wanna. Suena más profunda, con un punto de distorsión que, además, muestra el tono, entre despreocupado y soberbio, de estos chicos: «Oh I came to tell you that your my favourite girl… Do you wanna make love to me? I know you wanna». Ahora van de estrellas, tienen fama, éxito… y sí, se lo pueden permitir.

El indie pop hubiese sobrevivido tranquilamente sin Gap y Love It All, dos mediocridades que dejan entrever, hasta cierto punto, las limitaciones de esta banda británica. La esquiva Stormy Weather, sin embargo, retoma el pulso del disco. El efusivo alboroto renace con ese estribillo tan pegadizo: «It feels like love, love, love». Lejos de esa línea se mueve Sway. Peca de blanda, parece escrita por un pelele. Menos mal que el siguiente track aletea hacia arriba de nuevo. Te contagias de la alegría que transmite Shine on, donde bucean por los entresijos del amor: «Safety pins holding up the things that make you mine about your hair, you needn’t care. You look beautiful all the time».

Recargan las pilas con Down To The Market. Un alegato en defensa de la despreocupación. Y, también, el adiós a su lado más enérgico. Las últimas tres canciones del disco, de hecho, muestran la ambivalencia de esta banda. La última, All Over Town, no nos dice nada. Pero las otras… se refugian en la sencillez, entendida esta en su mejor sentido. La primera, One Last Time, es una agradable balada que habla sobre the old days y aquellas tardes al salir del instituto. Anticipan la nostalgia que baña a la mejor canción del disco: «And so I’ll go, yes I’ll go, so I’ll take that train and ride hoping I can write her a rhyme, that might stop the tick of time». Es así como estos chicos se despojan de todo y cantan sin complejos en Tick of Time.

Al final nos queda un disco irregular -no han hecho historia con Konk- del que podemos recuperar, en todo caso, un buen puñado de canciones. Los Kooks tienen un sonido agradable. Igual es porque se miran hacia sí mismos sin miedo y escriben sobre lo que ven. Guardan, moraleja final, un chute vitamínico para terminar sonriéndole al desorden. Nada está en su sitio, pero todo desprende luminosidad.


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