miércoles, 10 de junio de 2015

Otra vez... ¡Boyhood!

Todo comenzó en un tren con destino hacia Viena. Era el año 1995. Tuvimos que esperar hasta el 2013 para comprobar que Richard Linklater había escrito la mejor historia romántica del cine. Pero no se conformaba con eso. Quería algo más. Y así, aparecía Boyhood... Un carnaval de anécdotas y de recuerdos desfila frente a nosotros. El autor no busca la grandiosidad. Su cine no tiene momentos de éxtasis. No hay un ayer inolvidable sobre el que escribir. Tampoco un mañana mejor. Ni siquiera un ahora. Solo hay... un durante. Se rinde, pues, frente a lo cotidiano, analiza con detalle los rincones de tu memoria y ensalza los pequeños momentos que en ella encuentra. Es un proceso en el que todo, hasta el más fugaz de los instantes, suma.

¿Quién es Mason, el protagonista de este film? Vemos a un joven en la universidad. Se le ve feliz, contento. Cómo ha llegado hasta allí. ¿Qué historia arrastra consigo? Pues bien, esa historia, en esencia, es la historia que nos cuentan aquí. Entonces, ¿no hay más? Pues no. Tampoco menos. Porque, al final, esto va sobre retratar el paso del tiempo. Y nadie, gustos personales, lo hace mejor que el cineasta texano. Convierte el tiempo en algo visible. Lo puedes tocar y sentir. No es fácil. Todo parece espontáneo, natural. Por eso, nos gustan tanto sus relatos. De hecho, si te gusta el cine, te gusta la música y, sobre todo, aún te late el corazón de vez en cuando, puede que te guste cómo de estupenda queda la mezcla en esta obra de arte.

Habla con la música y la vida. A la vez. Y es que, al final, la música acompaña a los capítulos que se abren y cierran a lo largo de esta última. No están numerados, tampoco titulados. No es un libro al uso, pero ahí están. Y suenan. Las canciones le ponen voz y ritmo a un momento concreto de los millones que has vivido. Pero entonces llega el dilema: ¿tú atrapas el momento o el momento te atrapa a ti? En realidad, Linklater te da una cámara para que fotografíes, para que observes, para que respondas a tu manera. Encuadra lo que quieras. Tienes infinitas posibilidades para elegir. Es la magia de la incertidumbre. Y, mientras, escucha la melodía.

Look at the stars
look how they shine for you
and all the things that you do
Yellow, Coldplay
Un niño está tumbado sobre la hierba. Observa el cielo. No será la última vez que lo haga. Le gusta lo que ve. Está, como cualquiera de nosotros, a punto de escribir su historia. Pero nadie le puede quitar ya aquella soleada tarde de primavera en el jardín, cuando tan solo era un mocoso. Recuerda los colores de aquella casa, el hogar que adornó su niñez. Eran felices: sus padres, su hermana, él. Al menos, lo sentía así. Le recuerda a esas estrellas a las que le cantó, con su punto moñas, Chris Martin.

I try to stay busy,
I take out the trash, I sweep the floor.
Try to keep myself occupied
Cause I know you don’t live here anymore.
Hate It Here, Wilco

Aquello, de pronto, se esfuma. La constelación de estrellas ya no está. Y llega todo lo demás. Sí, puede que hacerse mayor esté sobrevalorado, pero qué le vas a hacer. Verás a tus padres divorciarse. Enhorabuena, formas parte de eso a lo que los sabelotodo llaman familia disfuncional. Patricia Arquette, incapaz de estar sola, llegará con su carrusel de (estúpidos) novios. Tu padre te parecerá un fracasado, aunque jamás se lo dirás. Lorelei Linklater será, además de hermana, tu compañera de fatigas. Es tu nueva realidad. Y Wilco no lo podía expresar mejor.

Hey put the cellphone down for a while
In the night there is something wild
Can you hear it breathing?
Deep blue, Arcade Fire

Volverás a verlos sonreír, cada uno por su lado. Tú también lo harás. Te ilusionarás. Ethan Hawke, con el tiempo, ya no te parecerá un fracasado. Te enamorarás. Sonreirás. Te desenamorarás. Llorarás. Te emborracharás. Tus padres seguirán ahí, igual de perdidos que tú. Los cumpleaños no fallarán a su cita, puntuales. Y pensarás: de qué va todo esto. Quien tenga la respuesta exacta que nos la diga. Así que, mientras tanto, improvisarás. Seguiremos el consejo de Arcade Fire y apagaremos el teléfono...

A job to keep my girl around
And maybe buy me some new strings
And her and I out on the weekends
Hero, Family of the Year

Ese niño observará el mismo cielo doce años después, ahora ya no en soledad, sino acompañado por una amiga. En el camino le han pasado unas cuantas cosas. La historia, pues, va escribiéndose. No quiere ser un héroe, como nos canta Family of the Year. Y sigue improvisando, rellenando, a su manera, las hojas en blanco. Entre todos, han escenificado la épica de la vida. Y sí, a nosotros nos ha gustado.

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